Dāna, la generosidad es la vida de la Sangha

Por Sanriki Jaramillo

Dāna, la Generosidad es la vida de la Sangha.

“La generosidad es la puerta de entrada al Dharma”, es una expresión que a menudo se atribuye al mismo Buddha Sakyamuni. Sea quien sea que lo haya dicho, la generosidad es una expresión que todas las vías espirituales y religiosas proponen a sus seguidores con matices y términos diferentes como una de las prácticas y cualidades más estimadas para cualquier ser humano. En el budismo corresponde al primer parami o paramita, Dāna, la primera cualidad o perfección que debe cultivar la persona que elige seguir el camino del bodhisattva.

Caridad es el término más usado por el mundo cristiano, el que para algunas personas tiene un significado semejante. No obstante, en el budismo la generosidad no está atada a ningún tipo de deber o imperativo espiritual. Básicamente se propone como una práctica que permite romper la ilusión de ser un yo separado, un individuo a parte de todas los otros seres. Practicar la generosidad es desarrollar una disposición anímica para actuar sin interés personal, sin egoísmo.

No pocas veces la práctica de la caridad conduce a una trampa en la que la persona que da y la que recibe, al actuar como seres separados, pueden desarrollar ambos motivaciones egoístas: la necesidad de reconocimiento y recompensa, por un lado, y la victimización y dependencia sumisa del que recibe. La sombra de la lástima puede hacer de la acción de dar y recibir un asunto desigual, lleno de soberbia y menosprecio inconsciente.

Lástima no es compasión. Derivada del verbo lastimar, habla más de una emoción o sentimiento asociado a la observación distante del sufrimiento de los otros o propio, pero sin implicar una acción vinculante, una determinación sincera para ayudar. Sin duda, la lástima, llamada por algunos la compasión boba, puede lastimar, hacer más daño que bien.

Seguir el camino o la vía del bodhisattva es para algunos una posibilidad muy atractiva pues cambia de forma radical el lugar de referencia alrededor del cual giran nuestras vidas egocéntricas. Al dar un paso en esta dirección, tratamos de permanecer centrados no solo en la búsqueda de un beneficio personal sino que comenzamos a pensar y actuar buscando el beneficio de los otros seres.

Este cambio de perspectiva puede resquebrajar la solidez de la coraza en la que vivimos atapados, pues además los otros no son un conjunto de seres abstractos, lejanos, sino que en principio son aquellas personas con quien hemos elegido sabiamente caminar juntos, que nos apoyan en el camino del despertar, a los que hemos empezado a reconocer como nuestra familia del Dharma.

Aunque pueda sonar como una forma de cambiar el egoísmo auto centrado por un egoísmo de tipo grupal basado en nuestras afinidades comunes, dirigir nuestro interés a apoyar la sangha, nuestra comunidad, es darle un valor práctico a esta opción del Triple Refugio. Si la sangha me apoya, si es mi refugio, por efecto recíproco lo que soy y hago alrededor del Dharma, mi práctica puede ser ofrecida como un refugio para los otros, aquellas personas a las que reconozco como los “amigos y amigas de bien”, con quienes construyo la sangha.

Este puede ser un primer paso para iniciar una práctica de la generosidad consciente, para empezar a cultivar esta primera perfección, Dāna, en pali. Con el tiempo, un bodhisattva que se compromete firmemente con su camino, termina encontrando que la sangha es más y más extensa, que incluye a los miembros de otras comunidades zen y budistas, a los miembros de otros caminos espirituales, a seres humanos y no humanos de todas las condiciones, a todos los habitantes de nuestra Tierra y del Universo entero…

La generosidad es la puerta de entrada, pero al tratarse de una cualidad, virtud o perfección que cultiva el bodhisattva no solo estará presente durante el resto de su existencia, sino que cada vez será una práctica más fuerte, consciente y vasta a medida que se sumerge y profundiza en la Vía del Buddha.

Hay diversas formas de practicar la generosidad. La más común es ayudar a los demás con dinero, alimentos, vestidos, objetos o cualquier otro tipo de ayuda material. Esta práctica es muy importante especialmente en la construcción y el sostenimiento de la sangha. En nuestro mundo, necesitamos dinero y recursos diversos para crear un ambiente apropiado para nuestra práctica de zazen y el estudio del Dharma. Si no fuera por la generosidad de muchos practicantes y simpatizantes, no podríamos pagar los gastos mensuales de arriendo, servicios, adecuaciones, recursos para las actividades, etc.

Estamos creciendo, paso a paso, y si queremos en un futuro un espacio más seguro y confortable que acomode a todas las personas que puedan llegar, necesitaremos más apoyo económico. Por eso tenemos un PROGRAMA DE GENEROSIDAD, que sustituye al que antes llamamos de MEMBRESÍA. A través de este programa, todos los miembros de la sangha y simpatizantes podrán tener una forma de practicar Dāna regularmente.

Pero otra forma igual de importante es dar nuestro tiempo, u ofrecer nuestras habilidades y conocimientos para apoyar la vida de la Sangha. Sacar tiempo para ayudar con el aseo, las tareas administrativas, la organización de la biblioteca, el acompañamiento de las prácticas y de las otras actividades, es una forma muy poderosa de Dāna, que pueden practicar todos en cualquier momento.

Dar enseñanzas y consejo, ofrecer nuestra comprensión del Dharma budista, por medio de nuestras palabras y acciones, es decir con nuestro ejemplo, es otra forma muy poderosa de Dāna. Las personas que llegan por primera vez se inspiran con el ejemplo de los antiguos, su forma de actuar, su comportamiento es el modelo que van a copiar. Si a esto añadimos algunas reflexiones basadas en nuestra propia experiencia, estamos estableciendo vínculos muy profundos con los practicantes nuevos y facilitando su práctica y permanencia.

Al reconocer nuestra condición de ser parte de la joya o refugio de la Sangha estamos ofreciendo protección contra el miedo. Este es otro de los Dāna más meritorios y poderosos que podemos ofrecer. En un mundo resquebrajado, desbordado, tan amenazante como es el actual, ofrecer un refugio contra el miedo por medio de la sabiduría del Dharma es la más alta ofrenda que un bodhisattva puede dar, es compartir con los otros seres la confianza en la enseñanza que el Buddha nos entregó: que todos los seres que lo deseen y se lo propongan pueden ir más allá del sufrimiento y realizar el Despertar si siguen el camino correcto.

Y finalmente, la práctica de Dāna más elevada es la práctica de Metta (Bondad amorosa) y Karuna (Compasión), que son una emanación natural de la naturaleza de Buddha y que el bodhisattva ofrece como el sello de su voto de ayudar y salvar a todos los seres. La Gran Sabiduría y la Gran Compasión son su guía que fortalece la confianza en el voto de tomar refugio en los Tres Tesoros y de disponer su vida por medio de todo lo que esté a su alcance al servicio del Buddha, el Dharma y la Sangha.

En gassho,

 

 

Sanriki Jaramillo.

 

Sofu-ji, Los Colores (Medellín). Julio 14 de 2025.

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