La experiencia de un bodhisattva

Transmigramos una y otra vez por los seis reinos de la existencia…

Un bodhisattva es aquel que ha despertado y cultiva el bodaishin, practica las seis paramitas y vive de acuerdo con el voto de liberar a todos los seres antes que a sí mismo. Sobre este noble ideal he querido orientarme y, aunque no exista algo como un “budómetro” con el que este midiendo qué tanto crezco o me alejo de estos tres aspectos, sí es importante observar qué tan alineada esta mi vida en esa dirección y por eso utilizo mi propia experiencia.  

Por varios meses, he sido un visitante asiduo del estado infernal. Como todas las personas en ese estado, quería escapar de allí, pero eso me metía en un bucle y me volvía errático en mi comportamiento. Practicaba con la intención oculta de aminorar esa angustia y zozobra constante. Sin embargo, cuando estaba en zazen, soltaba todo tipo de identificación con mi estado de ánimo y pensamientos. Veo que ha sido una constante en mí, a lo largo de los años, el querer atrapar algo llamado paz. Muchas de las cosas que hago como zazen, leer, practicar atención plena mientras realizo actividades cotidianas; están embestidas por esa intención. Eso no es algo malo en sí, pero la brújula no marca un norte claro ya que sigo dando vueltas sobre mí mismo y mi búsqueda personal de paz.  

¿Hay paz y no hay paz? Esta semana iba en el carro para la práctica y me inundó un profundo sentimiento de paz y tranquilidad. Lo normal, cuando esto sucedía, era derretirme en la experiencia extasiado por ella. Pero esta vez fue diferente. Solo “estuve ahí”. Fue curioso porque recién he estado saliendo de una difícil situación económica, que tanto ha golpeado a este ser humano, y era una oportunidad increíble de fundirme en esa experiencia de paz. En cambio, lo que paso, es que no me involucre. Reconocí cómo todo el tiempo, lo que he tratado de hacer, es huir de todo lo que me molesta y perturba, y aferrarme a lo que me da paz. En esa dinámica he estado atrapado, pero esta vez no lo hice así, solo pensé: ¿hay paz y no hay paz? 

El Sutra del Corazón dice: No hay sufrimiento, ni causa… mi inmadura comprensión no intentará explicar esto. Solo sé que, si sigo buscando la paz con tanto ahínco, esto solo será un sustituto de otras búsquedas materiales. Ya no seré “el famoso”, “el rico”, “el poderoso”; sino “el pacífico”. Otra falsa imagen con la que me confundiré a mí mismo he intentare engañar a los demás. Somos una cascada, un flujo constante, no hay algo estático llamado “tal o cual”. No somos “esto ni aquello”, no podemos aferrarnos a una idea de nosotros mismos ni de las cosas. Todo cambia y es impermanente, transmigramos una y otra vez por los seis reinos de la existencia. Yoka Daishi dice en el Shodoka: “Las nubes flotantes de los cinco Skandhas van y vienen en el cielo. La espuma de los tres venenos aparece y desaparece en el océano”.  

Mientras escribo, veo un Ibis negro volar al lado del balcón. En su recorrido, mientras aparece y lo pierdo de vista, ya no soy el mismo y el Ibis negro tampoco. Esto puede sonar muy extraño o místico, pero es la condición más básica de todo. El vuelo del Ibis negro me produjo paz, pero si recreo una y otra vez esa imagen en mi mente, me estaré aferrando a la idea “el vuelo del Ibis negro me produce paz” y, cada vez que vuelva a ver un Ibis negro volar, voy a querer volver a evocar este momento. Incluso estaré buscando todos los días en el cielo el vuelo del Ibis negro que me produce paz. 

¿Hay paz o no hay paz? Como bodhisattva respondo: ambas, al mismo tiempo. Pero no debería seguir buscando ni la paz, ni la tranquilidad, ni el nirvana, ni la iluminación, ni ningún estado especial de la mente para mi propio beneficio. El voto es llevar a otros antes que a mí mismo. Por eso, la renuncia a desear cualquier tipo de beneficio o acumulación de mérito es la vía del bodhisattva.

 

Anónimo.

Medellín, junio 9° de 2026.

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