La raíces de la bondad

Por Sanriki Jaramillo
Maestro Zen
Aunque no lo queramos, la posibilidad de una III guerra mundial ya está en curso, la que muy probablemente empezará y terminará como la II, haciendo valer el poder de la mayor fuerza destructiva para doblegar al enemigo.
Arrojar, en agosto de 1945, con tres días de diferencia, dos bombas atómicas sobre la población civil japonesa indefensa causando la muerte y múltiples heridas deformantes a cientos de miles de niños, mujeres, ancianos pero a muy pocos soldados, demuestra la escasa sensatez y falta de compasión que inspira habitualmente a los guerreros y a sus poderosos jefes que desde la sombra toman estas nefastas decisiones.
Pero este es solo uno de los temibles desafíos que asedian a la humanidad y al planeta entero en los albores del 2026. Hasta el cansancio, toda la humanidad esta bien informada de los otros, aunque pocas o insuficientes acciones se han llevado a cabo para prevenirlos: el cambio climático, la reducción acelerada de los recursos naturales renovables y no renovables, la contaminación ambiental fruto de un consumismo desmedido, la extinción masiva de especies, la injusticia social y la exagerada desigualdad económica, el auge éticamente incontrolable de la Inteligencia Artificial, el repunte de los totalitarismos y nacionalismos de diversas índoles, la ocupación y militarización del espacio (estratosfera, Luna, Marte…), la manipulación de la información y de los medios (el desprecio por la verdad), etc.
Ante este panorama bastante sombrío, el ser humano, es decir cada uno de estos seres estadísticamente despreciables para los lideres ambiciosos y arrogantes que presiden las grandes potencias, sobrevivimos al vaivén de condiciones que nos desbordan y nos preguntamos, con profundo desconcierto, sobre qué debemos y podemos hacer.
Presiento que la respuesta no sea muy diferente a la que se debía dar cualquier ser humano que habitará hace uno, dos o tres mil años en alguna de las naciones que entonces se esforzaban por ser potencias mundiales. Ni el Buda Sakyamuni (638-548 aeC) ni el gran Maestro Dogen (1200-1253 eC) fueron indiferentes a las condiciones amenazantes de su época. No olvidemos que el Buda pertenecía a la casta Kshatriya (guerreros y gobernantes) y que no fue el único de esa condición en su época que abandonó los privilegios de su casta, convirtiéndose en un mendicante y en un buscador de la “verdad”. Por su parte, Dogen pertenecía a la aristocracia japonesa y vivió en la era Kamakura que dio comienzo a un periodo en el que el poder dominante en Japón quedo en manos de los Shogunes (militares).
Ambos conocieron muy de cerca las condiciones y las consecuencias del poder y la guerra. Ambos renunciaron a los privilegios del poder y a las comodidades y beneficios de la riqueza material. Ambos eligieron seguir caminos espirituales que les permitieran vivir vidas sencillas, tranquilas, concentradas, diligentes, dotadas de la sabiduría y la compasión que conducen a la realización del Despertar. Y sus caminos, lejos de aislarlos o llevarlos a olvidar a sus semejantes, los convirtieron en líderes y guías espirituales que transmitieron prácticas y enseñanzas para ayudar a superar el sufrimiento a todos los seres humanos.
Sin lugar a duda, no es casualidad que al final de su vida, estando ya enfermo, el maestro Dogen estudiara y redactara una enseñanza esencial para sus discípulos, algo así como su testamento espiritual, inspirada en el que se conoce como El Sutra de las últimas enseñanzas de Buda, que está incluido en un sutra mayor llamado en sánscrito Mahāyāna Mahāparanirvāņa Sūtra. Dogen afirma, al comienzo de su texto, refiriéndose al contenido de estas enseñanzas: “Tomar conciencia de estos dharmas se convierte en la causa para (entrar en) el nirvana”.
En su enunciación básica resumida y presentada de forma numérica por el maestro Dogen estas últimas enseñanzas de Buda sorprenden por su sencillez, calidez y contundencia:
- Desea poco — Sufre menos.
- Siéntete satisfecho — Ya es suficiente.
- Evita las multitudes — Permanece solo y en silencio.
- Sigue adelante — No des marcha atrás.
- Presta atención — Cuida tu mente.
- Medita — O estás perdido.
- Compruébalo por ti mismo — Cultiva la sabiduría.
- No hables de ello — Hazlo.
Si nos tomamos en serio cada una de estas enseñanzas veremos claramente cómo son, cada una de ellas, antídotos contra los venenos que intoxican la mente humana. Tener pocos deseos, reducir las ansias, abandonar la presión por alcanzar los antojos, ayuda a que un ser humano viva en un sentido contrario a la ambición o a la codicia que dominan al mundo humano en este momento. Cuando los grandes líderes políticos, los multimillonarios, las personas famosas parecen incapaces de controlar sus apetencias, condición sine qua non del poder, la riqueza o la fama, la práctica de la generosidad y la benevolencia ocupan el espacio de la mente en que estos deseos insaciables se proyectan curándonos de ellos y evitando sus nefastas consecuencias.
En el mismo sentido, en una sociedad mayoritariamente condicionada al consumismo, aprender a controlar y disminuir los deseos es el camino más lógico y directo a la recuperación, pues son muchas las maneras de ser víctimas de la adicción e ignorarlo. Como también lo es en el espacio del amor y la pasión donde la necesidad de ser querido y la urgencia de satisfacción sexual tapizan de sufrimiento la vida de los seres humanos.
Mientras los tambores de la guerra resuenan estrepitosamente por el planeta entero, quisiera dedicar este año al estudio profundo y serio de este hermoso texto, Las ocho cualidades de la gran persona (Hachi Dainin Gaku) que nos dejó el gran maestro Dogen. Como simples gotas de agua no tenemos fuerza alguna capaz de influir en el comportamiento del océano. Pero si aceptamos y realizamos la condición simultánea de lo no separado, el interser, anatman, otra luz podrá iluminar no solo nuestras aparentes vidas individuales separadas, sino que nos ayudara a proteger y servir de refugio a muchos, a todos los seres.
Sanriki
Medellín, febrero 1° de 2026

2 comentarios en “La raíces de la bondad”
Gracias Maestro Sanriki
Otra bonita y profunda enseñanza que nos recuerda la importancia de ir en una dirección contraria ala que va la sociedad y más bien cultivar las cualidades de la gran persona
Gracias Sanriki.
Sabio y documentado texto.
Es Motivo de meditación